lunes, 31 de enero de 2011

Review: El Jugador

El JugadorEl Jugador by Fyodor Dostoyevsky

My rating: 3 of 5 stars


Comparada con la profundidad y complejidad de los Hermanos Karamázov, el Jugador parece una obra con una trama más bien sencilla y hasta cierto punto predecible. Sin embargo, lo que me encantó de este libro es la vívida descripción que hace Dostoievsky del ambiente sulfurante de los casinos y centros de apuestas. Los principales personajes son jugadores empedernidos que se arruinan por su afición al juego, aunque este parece darles efímeros momentos de gloria y salvación.
El personaje principal es Alexei Ivanovitch, quien narra la historia en primera persona. Se trata de un vicioso de la ruleta que se gana la vida como preceptor de un general ruso retirado, el cual habita en un hotel de la ciudad alemana de Ruletemburg. El general pretende desposar a una frívola francesa, la señorita Blanche, la cual se interesa en el general porque sabe que la abuela de éste posee una gran fortuna.
Alexei Ivanovitch, por su parte, trata de conquistar a la voluble y antojadiza Paulina, parienta del general. Las cosas se complican cuando Alexei ofende a un cierto barón de Whurmburg para cumplir un capricho de Paulina. Esto provoca que el general lo despida.
Contrariamente a lo que el general y su prometida Blanche esperaban, no llega el ansiado telegrama anunciando la muerte de la abuela, sino la abuela misma en persona. La abuela tiene un carácter autoritario y voluntarioso, y decide ir a la ruleta con Alexei. Este procura hacer que la abuela no arriesgue demasiado su capital, pero ésta hace apuestas voluminosas y muy arriesgadas. A pesar de los negros pronósticos de todos, la abuela logra ganar una gran cantidad de dinero, y decide dejar de jugar, retirándose con sus ganancias.
El vicio del juego ha entrado en el corazón de la abuela. Al día siguiente regresa a la ruleta con Alexei. Esta vez lo pierde todo. En su locura empieza a apostar con sus propiedades, las cuales también pierde. Sin nada más que perder ni heredar al general, la abuela regresa a Moscú.
Paulina debe una gran suma a un francés llamado Des Grieux, y Alexei quiere pagar su deuda, por lo que decide jugarse sus últimos rublos en la ruleta. Gana doscientos mil rublos, cantidad más que suficiente para pagar las deudas de Paulina. Ésta no acepta el dinero, ya que piensa que Alexei trata de comprarla. Descorazonado, Alexei acepta la propuesta de Blanche de irse con ella a París a gastar los doscientos mil rublos. Allá los alcanza el general, que ha perdido la razón y no puede vivir sin Blanche. Cuando el dinero se acaba, Alexei se despide de Blanche y del general y empieza otra vez como lacayo vergonzante. Apuesta de vez en cuando y espera una jugada genial de la ruleta que le permita reconstruir su vida.






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lunes, 8 de noviembre de 2010

Review: La derrota de Dios

La derrota de Dios (Spanish Edition)La derrota de Dios by Jose Luis Trueba Lara

My rating: 5 of 5 stars


Tal vez la conocida frase "la historia la escriben los vencedores" nunca haya sido más cierta que en el caso de Miguel Miramón. La novela de Trueba Lara representa la visión de los vencidos. Pero no la de los del siglo XVI. Esa ya nos la sabemos muy bien a fuerza de repeticiones ad nauseam desde la educación primaria. Los grandes perdedores del siglo XIX en México fueron los católicos.
Muy pocos saben algo de este sobreviviente de la defensa del Castillo de Chapultepec, que también ha sido el presidente más joven en la historia de México. Miguel Miramón habita, junto con Victoriano Huerta, en el noveno círculo infernal de la historiografía oficialista mexicana. Los historiadores liberales jamás le perdonaron su fidelidad a la Iglesia, a pesar de sus reiteradas muestras de heroísmo y patriotismo.
Sobre Miramón pesa el baldón de haberse aliado al invasor Maximiliano de Habsburgo. Sin embargo, nuestros insignes historiadores callan que los liberales le habían puesto el país en bandeja de plata a los yanquis. Se habla de los términos del tratado Mon-Almonte, pero casi no se comentan los del tratado McLane-Ocampo.
La vida de Miguel Miramón es una constante apuesta por una causa perdida. El dispendio de heroísmo no alcanzó para comprar la victoria de su causa, marcada por la desgracia merced al fatídico día en que los norteamericanos tomaron el Castillo de Chapultepec, y el no menos infausto día en que el vapor norteamericano Saratoga le impidió tomar el puerto de Veracruz y al líder de los liberales, don Benito Juárez. Estados Unidos fue la estrella maléfica que marcó su desgraciado fin.
Maximiliano no se equivocaba cuando pensó que el fin de su imperio marcaba el inicio del domino yanqui sobre México. Más adelante, Theodor D. Roosevelt tampoco se equivocaría al afirmar que "mientras la religión de los países latinoamericanos sea la católica, su absorción será larga y difícil". Los conservadores, lejos de la imagen maniqueísta que de ellos nos ofrece la historiografía oficial, no fueron los malos de la película.También querían, como los liberales, lo mejor para México. La gran diferencia era la metodología de cada grupo: para los liberales la única posibilidad de progreso consistía en que México renunciara a su ser, destruir su herencia cultural hispana e indígena, y convertirse en una copia al carbón de una nación con la que no tenía nada en común, excepto la frontera: los Estados Unidos. Los conservadores creían que México tenía que seguir su propio camino, que no podía renunciar a su ser. Lo cierto es que los liberales jamás hubieran vencido sin el apoyo estadounidense, y que a la fecha el proceso de aculturación que emprendieron está muy lejos de haber concluido con éxito.
La obra de Trueba Lara es una novela histórica que adentra al lector en el ambiente inestable y peligroso del siglo XIX en México. Los modismos y la mención a las costumbres hacen que la narración sea particularmente entretenida. Entre bromas y chanzas de la época, Trueba Lara quiere hacer una reconstrucción del carácter de este hombre injustamente tratado por la historia oficial.



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jueves, 30 de septiembre de 2010

De calentólogos y cosas peores

Ayer el presidente de México, Felipe Calderón, expresó que le indigna que se ponga en duda el calentamiento global.  Y cómo no, qué mejor excusa para la imprevisión de su gobierno y de los gobiernos estatales ante los desastres naturales que han azotado recientemente al país que echarle la culpa al fantasmagórico cambio climático.
Esto a propósito de las declaraciones de un prestigioso científico mexicano.  Su opinión, titubeante, inmediatamente es presentada como concluyente por el título de la nota del periódico.
Lo que me parece alarmante es que a Calderón, perteneciente a un partido político que la oposición tacha de  "conservador", "mocho", "derechista" y demás epítetos ignominiosos se escandalice no ya de que se niegue, sino aún de que se ponga en duda la verdad sagrada del cambio climático,  a la vez que su partido departe jovialmente en alianzas políticas con el partido más alejado de su supuesto esquema ideológico sin el menor rubor.
Pero la política en México no es adherencia a principios ideológicos sino contemporización práctica para mantenerse en el poder al precio que sea.  De allí que las alianzas con el PRD se vean con total naturalidad, lo mismo que adherirse al mito del cambio climático, si ello conviene al objetivo primario de mantenerse en el poder.
Lo que me parece más inverosímil es comprobar el grado de fanatismo al que se ha llegado con lo que inició como una simple teoría científica más; plausible, sí, pero de ningún modo exclusiva y concluyente. Lo que inició como una hipótesis entre muchas otras se ha convertido en un verdadero dogma de la sociedad moderna, cuya no digamos negación, sino mera puesta en duda "irrita".  ¿Hasta dónde vamos a llegar?  ¿Dónde quedó el principio de la duda metódica cartesiano?  Lo cierto es que los más extremos de estos fanáticos ya están proponiendo que sea ilegal negar o poner en duda el cambio climático antropogénico, tal y como en muchos países de Europa es ilegal negar el holocausto.  El siguiente paso será una aventura totalitaria como la del comunismo.
Lo que hay en el fondo son móviles políticos, revestidos por la ONU con un corpiño de credibilidad científica que pretende justificar la imposición de lo que en realidad no son para nada verdades científicas sino meras ideologías, mismas que sirven a los fines de grandes intereses económicos, entre los cuales descuella mantener al tercer mundo en un estado de postración preindustrial:  que sigamos siendo los eternos abastecedores de materias primas y mano de obra barata.
Los invito a que vean este excelente documental sobre el tema cuando tengan tiempo.  Es largo, dura una hora, pero creo que realmente vale la pena, y es un respiro en medio del bombardeo mediático que cada día nos inunda con imágenes apocalípticas de un futuro terrorífico inminente.

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