miércoles, 16 de junio de 2010

Pamela

Habitante de ínsulas extrañas,
conducido por valles nemorosos.
A través de escarpadas montañas
he llegado a altares misteriosos.

Raudo caudal,violenta corriente,
me guiaron por senda inextricable
a aquella anhelada región clemente
donde la espuma se vuelve estable.

Llenas mi corazón, no un palacio,
no si rebosara en vino y trigo.
Un venerable sentimiento rancio
emerge nuevo, cual maduro higo.

Sí, son tus labios mi patrimonio,
tus ojos mi axioma incontestable.
No necesitas adornos de antimonio,
tu mera presencia ya me es amable.

Me ha asaltado la noche oscura,
me visto de gala, dejo la pena.
Testigo mudo de amor es la luna.
Gracias por salvarme, Pamela.

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martes, 1 de junio de 2010

Moodle, plataforma educativa con posibilidades infinitas

He tenido la oportunidad de probar la herramienta para creación de escuelas en línea llamada Moodle.  Moodle es un conjunto de herramientas de código abierto para facilitar la transmisión del conocimiento.  Al ser código abierto cualquiera con suficiente preparación puede agregar módulos y funcionalidades nuevas.  Algunas de las ya desarrolladas son sumamente interesantes, como un creador de libros virtuales, un foro, diferentes variedades de cuestionarios y actividades (incluido un compositor molecular). Lo mejor de todo es que es completamente gratis. Su uso cotidiano no requiere conocimientos de programación, así que los profesores pueden crear con facilidad sus propios materiales. Incluso buscando un poco pude encontrar hosting gratis preconfigurado para Moodle (¿así o más regalado?), por lo que no pude evitar la tentación de crear mi propia escuelita.  Además de una extensa gama de módulos también hay muchos temas distintos para la apariencia de tu propio sitio de e-learning.  Esta plataforma es utilizada, por ejemplo, en el sistema de universidad abierta de la Facultad de Contaduría y Administración de la UNAM.
Una muestra más de cómo van cambiando los sistemas de enseñanza y aprendizaje: abandonan los claustros académicos(cerrados, al alcance de unos pocos) y ahora residen en la ubicuidad de Internet, al alcance de cualquiera que cuente con una conexión a Internet de velocidad decente, democratizando la transmisión del saber.




lunes, 24 de mayo de 2010

E-sword, excelente herramienta para estudio de la Biblia

Me permito recomendarles este magnífico programa para estudiar la Biblia.  Tiene una serie de prestaciones verdaderamente fenomenales:

  • Diferentes versiones de la Biblia (incluyendo algunas tan famosas como la Septuaginta y la Vulgata) en varios idiomas (hay algunas en español, griego, hebreo y latín).
  • Se pueden incorporar comentarios, diccionarios, devocionarios, mapas y otras lecturas de terceros.  Hay una colección verdaderamente impresionate de recursos, desde Orthodoxy de Chesterton hasta Caritas in Veritate de Benedicto XVI, pasando por la Imitatio Christi y los comentarios de Lutero y Calvino.
  • Editor integrado para notas y comentarios personales, con corrección ortográfica.
  • Decentes capacidades de impresión.
  • Una extensa comunidad que ofrece materiales nuevos periódicamente.
  • Y lo mejor de todo:  el programa y gran parte de los contenidos son completamente gratuitos.  Es posible construir contenidos propios con un poco de interés.

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martes, 27 de abril de 2010

De cómo los irlandeses salvaron la civilización

Es el libro de Thomas Cahill que acabo de terminar.  Lo encontré por casualidad en un puesto de libros del metro.  Se trata de un relato apasionado (con todo lo bueno y malo que la palabra implica) de la gran deuda que la civilización occidental tiene con la Irlanda medieval.
Muy bueno para quitarse de la cabeza esas telarañas ilustradas que nos presentan al medioevo como una época oscura en la que casi no se produjo nada.  Por el contrario, Cahill demuestra cómo el tesoro de la literatura clásica se conservó gracias a los monjes irlandeses que se dedicaron a copiar los libros que en tierras continentales europeas no podían sobrevivir a causa de los constantes conflictos y destrucciones que trajo consigo la caída del imperio romano de occidente.  Irlanda, aislada en el fin del mundo, pudo desarrollar una potente cultura cristiana autóctona, fuera del centro de gravedad romano, gracias al arrojo de san Patricio, quien logró evangelizar pacíficamente la isla verde.  Irlanda, una vez evangelizada y pletórica de monjes escribanos, se lanza a su vez a la cristianización del continente, incidiendo en el renacimiento carolingio y la consiguiente reactivación de las labores intelectuales en una Europa más pacífica.  Pero ahora la gloria de Irlanda se viene abajo gracias a los rapaces vikingos primero, y después a los no menos mendaces ingleses, los cuales en la época moderna transforman a Irlanda en la primer colonia de su imperio: una nación tercermundista en el límite de Europa.
Junto con la historia de eminentes irlandeses como Columcille, Columbano y Brígida, Cahill incurre, llevado por su entusiasmo, en una exaltación a mi juicio exagerada del espíritu nacional irlandés.  Su contraposición entre lo "romano" y lo "católico" (más ajustado al ethos irlandés en su opinión) es artificial: lo católico sólo llegó a Irlanda gracias a ese hijo de una familia romana que fue Patricio, antes de él poco o nada se puede hablar de las aportaciones irlandesas a la cultura europea.
Desde que compré el libro me pareció extraño ver en la contraportada elogios del New York Times ante lo que seguramente sería una visión de la historia muy alejada de la leyenda negra que la cultura anglosajona ha forjado respecto al catolicismo, y de hecho ese parecía el plan de Cahill en la introducción.  Una vez que terminé el libro me doy cuenta de la causa: la reividicación de Cahill no es para el catolicismo a secas, sino para un imaginario "catolicismo irlandés" caracterizado por una desenfadada actitud en lo que al sexo se refiere.  Para Cahill los irlandeses medievales estarían más cerca del anglicanismo que del catolicismo actuales.  Lo cierto es que el monacato actualmente solamente es vigente en el catolicismo romano, una contradictio in terminis según la postura del autor.
El gran mérito de la obra es presentar un capítulo importante de la historia medieval en forma amena y con una reflexión personal dirigida hacia el presente (en algunos aspectos no muy bien enfocada).
En resumen, una obra de divulgación entretenida con un enfoque descaradamente parcial, pero que no deja de presentar datos que generalmente no se tienen en cuenta en la formación histórica básica.
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domingo, 28 de marzo de 2010

No hay pecado sino contra conciencia

Pudiera preguntar alguien si los perseguidores de los mártires o de Cristo pecaban en aquello que creían agradable a Dios.  O, también, si podían dejar de hacer sin pecado lo que creían que no se podía dejar de hacer.
Si nos atenemos a lo dicho arriba –que «el pecado es el desprecio de Dios» o «el consentimiento en aquello en que se cree que no hay que consentir»–, entonces no podemos afirmar que sea pecado la ignorancia de algo o incluso la misma carencia de fe con la que nadie puede salvarse.
Los que, en efecto, no conocen a Cristo y rechazan la fe cristiana por creerla contraria a Dios, ¿qué desprecio pueden sentir hacia Dios en eso que hacen precisamente por Dios y en lo que, por tanto, creen obrar bien?  Sobre todo si tenemos en cuenta lo que dice el Apóstol: «Si la conciencia no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios».  Es como decir: cuando no vamos contra nuestra conciencia, en vano debemos ser tenidos como reos de culpa ante Dios.
Pedro Abelardo (1079-1142), Conócete a ti mismo (Ética) 

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